Alfonso Nápoles Gándara
Nació el 20 de Octubre de 1897. Cuernavaca México

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Por el Dr. Alberto Barajas

Como un pequeño homenaje de "el Irracional" a la memoria del Dr. Alfonso Nápoles Gándara, quien murío el 11 de noviembre de 1992, a continuación presentamos una semblanza del mismo, escrita por el Dr. Alberto Barajas, Profesor Emérito de la Facultad de Ciencias de la UNAM, para el libro "Nuestros Maestros" (1 tomo 1992. DGAPA)

El misterioso azar nos reunió a un joven profesor de matemáticas y a mí en un palacio, en 1930. Ese año sería crucial en nuestras vidas, pero creo que ninguno de los dos lo presentía cuando lo escuchaba yo atentamente disertar sobre las variaciones del trinomio de segundp grado.

La Universidad estaba estrenando autonomía, la que conquistó en la lucha de 1929. En los mexicanos duraba todavía el estremecimiento provocado por las elecciones de 1928. Un general menospreció la Constitución y quiso reelegirse, mató a sus dos contrincantes para asegurar su triunfo, y fue víctima, a su vez, de una mano fanática instrumento de la justicia inminente. El General Obregón murió exactamente el día de mi cumpleaños, 17 de julio de 1928.

Entré a la Preparatoria lleno de expectaciones. Esperaba una respuesta a preguntas que me quemaban:¿En qué clase de país me había tocado nacer? ¿Qué sentido tiene la vida humana? ¿ Qué cosa es la universidad, y el amor, y la cultura? Me obsesionaba sobre todo la que se han hecho los adolecentes de todos los tiempos: ¿Qué rumbo le daré a mi vida?

Cada día estaba más desorientado. No podía dormir. Juzgaba a mis profesores con frialdad implacable. Me parecían menos interesantes que algunos, magníficos, que habia tenido en la Secundaria 3, Con dos excepciones: el joven Alfonso Nápoles Gándara y el viejo Erasmo Castellanos Quinto. Sí, era muy gratas las clases de matemáticas y de literatura universal.

Como Kafka, fatigué deseperado los corredores del Palacio de San Idelfonso. Y subitamente empecé a escuchar voces que parecían venir de algún confín remoto para calmar mis dolores metafísicos. Una voz me dijo al oido; "No existe sino anhelos, Barajas. Lo demás no existe. Por lo menos no existe vitalmente. La realidad de que habla la ciencia es la realidad pensada; realidad viva sólo la tienen los objetos cuando en ellos se prende nuestro deseo o nuestra nostalgia. Tener las cosas no nos importa, importa aspirar a ellas o extrañarlas cuando ya se han ido. Parecemos los hombres una caravana que camina bajo el Sol insoportable del desierto. Nos hacemos la ilusión de que somos mercaderes; pero lo que en verdad queremos es sentir sed. Sed de saber, sed de amar, sed de gozar y de sufrir, de vivir... de morir...".

Otra me dijo algo semejante con una metáfora: " Quiero doblar el arco de la vida hasta que forme un círculo. De mis manos saldrá entonces la flecha de la existencia que persigo. Correrá entre los bosques, saldrá sobre un río... El aie herido por su vuelo, irradiará con luz de constelaciones que vienen del infinito. ¿Podrá el arco doblarse, sin romperse, hasta formar un cìrculo? La flecha que saldrá de mi arco, ¿llegará a su destino?". El mundo empezaba a aclarárseme.

El profesor Nápoles caminaba muy aprisa, con la mirada hacia adelante.Muy derecho. Tenía una de esas espaldas sin curvatura que sólo se ven en el colegio Militar. Parecía no reconocernos fuera de clase. En cambio, en la clase... tampoco. Sus exposiciones eran muy claras. Calculaba muy bien la dosis de conocimiento que podíamos absorver sin mayor esfuerzo. Escribía en el pizarrón lo que era necesario y además suficiente. No nos abrumaba con dictados inútiles. Su voz era muy clara también y se escuchaba perfectamente hasta la última fila.

Un día empezamos a notarlo nervioso y preocupado. Nos anunció que el curso tendría que acortarse y el examen final sería en agosto. Por los periódicos supimos la causa de su inquietud. Se le acababa de conceder la beca Guggenheim para hacer los estudios superiores de matemáticas en el Instituto Tecnológico de Massachusetts. Era el primer matemático maxicano que obtenía tal honor. Nuestro respeto por él dio un salto cuántico.

Al darnos las calificaciones del examen coménto brevemente mi trabajo. Su demostración es interesante, me dijo. Tiene diez. Fue el único que puso.

Para Nápoles fue seguramente muy angustioso el contacto brusco con el mundo de la ciencia internacional. En aquella época había una gran distancia entre la preparación matemática que se podía obtener en México y la que ofrecián las grandes universidades extranjeras. Sólo el que ha estado en ellas puede apreciar el esfuerzo heróico de Alfonso Nápoles para acreditar catorce cursos semestrales de matemáticas superiores de categoría A con la máxima calificación de H, aprobado con honor, en once de ellos. En un lapso de año y medio. Notable.

Regresó a México en 1932 con un tesoro de conocimientos que ha compartido con sus discípulos y sin los cuales no hubiera sido posible la colaboración con grandes cientificos extranjeros. Cuando discutía yo con Einstein una teoría rival de la suya, la de Birkhoff, pensaba que esa conversación hubiera sido imposible sin el curso de Cálculo Tensorial que tomé con Don Alfonso. Al pensar en su vida recuerdo inevitablemente las palabras que también escuché en mi año terrible, 1930, y que he mencionado en alguna otra ocasión: "Hay hombres que sólo entran al combate cuando el Rey está mirando. O son como Aristo, aquél filósofo tan elegante que sólo filosofaba cuando sus amigos lo llevaban en una litera lujosa. Hay otros, en cambio, que trabajan siempre que se necesita. En las condiciones menos favorables; dispuestos todo el tiempo a cumplir con sus deberes y sus ideales".

La biografía de Nápoles nos muestra su devoción por las matemáticas y por la Universidad. Esta prodigiosa Universidad de México que tanto me desconcertó al principio y que al fin me reveló cuál era mi destino. Mi dharma. Si en un momento de crisis no hubiera tenido un profesor de matemáticas tan distinguido probablemente habría seguido otra carrera.

Alfonso Nápoles Gándara nació en Cuernavaca el 14 de octubre de 1897. Allí estudió la primaria. Después estuvo en la Escuela Nacional Preparatoria y en la Escuela Nacional de Ingenieros donde llamó la atención del extraordinario Sotero Prieto por su talento y originalidad.

Cuando murió Sotero, asumió al liderazgo del movimiento matemático en México. Formó parte del grupo fundador de la actual Facultad de Ciencias, donde dirigió el Departamento de Matemáticas de 1939 a 1965. En 1942 su fundó el Instituto de Matemáticas del que fue el primer director. Inició en Saltillo en noviembre de 1942 la serie de congresos de matemáticas que se han venido realizando con tanto éxito a lo largo de muchos años. Como consecuencia del primer congreso se creó la Sociedad Matemática Mexicana que presidió hasta 1961. Desde entonces es presidente honorario Vitalicio.

Ha estado casado felizmente con la Sra. Guadalupe Salazar. Su hijo es el Arquitecto Alfonso Nápoles Salazar, muy inteligente, muy creativo, distinguido y respetado en su profesión.

En fin, como quería el poeta, Don Alfonso supo empuñar el arco con valentía y firmeza para lograr que la flecha llegara a su destino.

Septiembre , 1991

El Irracional

Núm 16

Sociedad Matemática Mexicana

Febrero 1993

Pag. 1. 2 y 3


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